Texto del discurso pronunciado por el rabino Sergio Bergman en el acto por la seguridad realizado en la Plaza de Mayo el 31 de agosto de 2006

“Hacer nuestra invocación en el contexto que nos toca este día corresponde una aclaración, esta noche estamos aquí reunidos invocando al cielo su bendición, proclamando Paz, Salam, Shalom, para decirnos -todos como uno- que cuando no encontramos en lo que sucede aquí en el mundo y en nuestra bendita tierra argentina, con tanto dolor, dónde está Dios, debemos responder, como lo hacemos esta noche, diciendo que aquí está el hombre. Hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible la expresión de Dios en un compromiso ciudadano y que no vamos a permitir que el coraje cívico de la religión, la espiritualidad, mucho menos el de la tragedia y el dolor se hagan política o se politice, tomándonos como rehenes ciudadanos de una compulsa que no es la nuestra.

Estamos para proclamar palabras de bendición, pero la bendición de Dios comienza en el coraje cívico de hacer -aquí en la tierra- su Reino; empezando en este mismo lugar, en el Cabildo Abierto y ciudadano que volvemos a ocupar esta noche como fue un 22 de mayo en la Gesta Patria, para decir, que es cierto que el Pueblo ya sabe de qué se trata, pero el Pueblo, también, quiere saber de qué se trata, cuando la democracia en lugar de ser real se la quiere hacer solamente formal para tomar el poder, y no servir al pueblo sino servirse de él.

Estamos aquí para decir que el Pueblo ya sabe de qué se trata, pero que quiere saber de qué se trata cuando las instituciones republicanas que deben proveernos, a todos los ciudadanos por igual, las garantías básicas del Derecho Constitucional, de la seguridad, de la paz, de la justicia, de la equidad, de la dignidad de ser argentinos son amenazadas en un proyecto que se parece más a una monarquía constitucional, que a la participación de todos y cada uno de nosotros en aquello que votamos, y que ahora tenemos que sostener.

No se reza sólo con la palabra y con el corazón, se reza también con los pies y con las manos, con las velas que Uds. tienen y con la memoria de los que murieron,
que no serán víctimas del sin sentido sino, que serán honrados en testimonio
vivo, porque hacemos memoria, pedimos justicia y rezamos actuando por un
país para todos.

Estamos en esta noche, en un lugar histórico donde queremos volver a escribir la historia, no la de algunos iluminados sino la de todos los ciudadanos con compromiso y en dedicación cívica, responsable y comprometida.

El Pueblo sabe de qué se trata, pero el Pueblo, también, quiere saber de qué se trata, cuando no se quiere reconocer que la seguridad es también un Derecho Humano y que los Derechos Humanos no son de derecha o de izquierda.

Los Derechos Humanos son de la ciudadanía y son la garantía de la Constitución Nacional. Los Derechos Humanos son la dignidad religiosa en la cual, nos hacemos imagen y semejanza de lo divino; no es para hacer política, es para hacer ciudadanía y construir un país para nuestros hijos, para que no sean asesinados ni tomados como rehenes.

Los Derechos Humanos no tienen que ver, solamente, con el pasado triste, que no olvidamos, porque el Pueblo sabe de qué se trata pero, también, quiere saber de qué se trata porque sin seguridad no tenemos la posibilidad de una República, ni podemos volver a la violencia, al terror y al horror que ya vivimos y tanta sangre nos tocó.

Todos nosotros, que estamos aquí, vinimos a decir que el Pueblo sabe de qué se trata, pero el Pueblo, también, quiere saber de qué se trata, cuando nos quieren tomar como presas mediáticas de una compulsa, de una discusión que no tiene que ver con el corazón del ciudadano, tiene que ver con el futuro de cada uno de nosotros.

El Pueblo sabe de qué se trata, que el poder es para servir y no para servirse, que el poder no es para acumularlo sino, para repartirlo en Instituciones que nos garanticen, a cada uno de nosotros, vivir en paz, tener justicia y la seguridad que la Constitución nos da. El Pueblo sabe de qué se trata, cuando se hace de la Constitución un mamarracho para perpetuarse indefinidamente en el poder, en lugar de servirse de la Constitución Nacional los valores que nos harán un país digno, como el que soñaron nuestros inmigrantes y los hombres y las mujeres de la Patria.

El Pueblo sabe de qué se trata; el Pueblo camina y sabe ser maduro de su memoria y de su pasado, en el compromiso de su presente y en la siembra de un futuro mejor.

Shalom, shalom larajov ve lakarov. La paz al cercano y al lejano. Paz para liberar a los oprimidos, alimentar a los que tienen hambre, curar a los desconsolados y traer la dignidad y la posibilidad de que, nosotros, somos sólo la expresión de un país dormido que comienza a caminar y a levantarse, para poder vivir en la democracia que nos corresponde a todos por igual. Democracia que se sostiene no con el voto sino día a día, por aquello que vinimos aquí a reivindicar.

La presencia del espíritu de la religión no es para avalar propuestas políticas, es para hacer política ciudadana, cívica, con coraje, con compromisos, para no salir a la calle únicamente cuando arde el país, sino salir a la calle para que no arda. 
Estar, aquí –juntos- para poder saber que el poder fue delegado y no le pertenece a nadie, sino a las Instituciones que nos representan a todos.

Estamos aquí para decir que en este Cabildo que nos vio nacer como Patria, que aún todavía nos la debemos los argentinos, que la Argentina es bendita en todos nosotros y esta bendición la vamos a regar, la vamos a cuidar, la vamos a hacer florecer para que dé el fruto que todos nosotros deseamos y que, si no es para nosotros sea para nuestros hijos y los hijos de los hijos.

Esta noche, el cielo está en sus manos, sus luces son las estrellas del firmamento terreno, concreto y cotidiano de un País que quiere volver a brillar en el porvenir y en la esperanza , en la utopía y en la mística de un compromiso y un pensamiento que nos hace a todos hermanos por igual.

Por eso proclamamos

Oíd mortales este grito sagrado, libertad, libertad, libertad.

Oíd mortales conciudadanos el grito desgarrado del dolor, seguridad, seguridad, seguridad.

Osé shalom bimromav….

Que el que hace la paz en las alturas celestiales, traiga paz a nuestros corazones, que se exprese en la dignidad del pan y del trabajo y de un país que viva en seguridad.

Amén.”

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