No hay una pizca de amor en la adhesión radical al oficialismo. Tampoco programas, ni ideas. Están con el que firma los cheques; así de simple.

Lo gracioso es la analogía sobre la “fusión” radical / peronista de Gustavo Pose, intendente de San Isidro: “El Boca – River se terminó”, queriendo significar que el pluralismo es frívolo y el poder uniko una superación de divisiones sin sentido. Sería más apropiado aludir a “se solucionó Argentina – Perú del 78” ya que al intendente le gusta tanto recurrir al fútbol para graficar. El problema, señor Posse es que la uniformidad en la estupidez, en el atraco al estado, en el atraco del estado, en el resentimiento y la divisón de la sociedad, en los altos impuestos, en el amparo a atorrantes con cargos, en la utilización de patoteros para disciplinar empresarios, en la compra de silencio periodístico, en la complicidad con regímenes extranjeros criminales, no es ninguna ventaja. Más bien da asco.

Se doblan, ya no se quiebran. Y se doblan para adelante, es decir, se agachan. ¡Adelante radicales!

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5 Responses

  1. Como dice Jorge Asís, el radicalismo se convirtió en una ONG. Es impresionante, del “partido centenario”, el de la “defensa de las instituciones y de la democracia” al que volteó un presidente de su propio partido y ahora cómplice del horror kirchnerista.

  2. Los paridos politicos hace rato que dejaron de ser instituciones en donde se junta gente con una visiòn parecida sobre los grandes temas de la sociedad y los mètdoos a utilizar para ayudar a resolverlos…ahora son asociaciones de socorros mutuos que lo unico que buscan es el bienestar y progreso de sus adherentes

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