“La superioridad de Mahoma reside en haber fundado una religión que prescinde del infierno”

Napoleón

Capítulo III El gobierno moderado conviene más a la religión cristiana y el despótico a la Mahometana.

La religión cristiana se aviene mal con el depotismo puro; la duluzura recomendada por el Evangelio es opuesta a la cólera despótica del soberano, a las crueldades de un déspota.

Como religión cristiana ha prohibido la pluralidad de mujeres, los príncipes no viven recluidos en sus palacios, están más en contacto con sus súbditos, son más hombres; se hallan más dispuestos a limitar sus facultades y a comprender que no lo pueden todo.

Mientras los príncipes mahometanos dan sin cesar la muerte o la reciben, la religión hace más tímidos o menos crueles a los príncipes cristianos.

El príncipe cristiano cuenta con sus súbditos, y a su vez los súbditos cuentan con su príncipe. La religión cristiana, que al parecer no tiene más objeto que la felicidad en la otra vida, nos hace felices además en ésta.

La religión cristiana, a pesar de la extensión del imperio y del vicio del clima, ha impedido que el despotismo se establezca en Etiopía, llevando a esa parte de África las leyes y las costumbres de Europa.

Como cristiano, el príncipe heredero de Etiopía da a los demás súbditos ejemplo de amor, de obediencia, de fidelidad. Bien cerca de allí se ve como el mahometismo encierra a los hijos del rey de Senar y que, cuando éste muere, el consejo los manda degollar en honra y servicio del que sube al trono. Si consideramos los continuos asesinatos y matanzas de los reyes y caudillos griegos y romanos; si recordamos también las ciudades que destruyeron; si no echamos en el olvido como asolaron el Asia Tamerlán y Gengiskán, veremos que somos deudores al cristianismo de cierto derecho político en el gobierno y de cierto derecho de gentes en la guerra, que la humanidad nunca le agradecerá bastante.

Ese derecho de gentes es el que hace que la victoria, cuando no se ciega en la embriaguez de la sangre, deje a los pueblos vencidos lo que más les interesa: la vida, la libertad, las leyes, los bienes y siempre la religión.

Puede decirse que los pueblos de Europa no están hoy más desunidos que lo estaban los pueblos y los ejércitos, o unos ejércitos de otros, en el Imperio romano, cuando éste degeneró en despótico y militar: se recompensaba entonces los combatientes dejandoles entrar a saco en las ciudades, se despojaba a los vencidos de sus posesiones, se confiscaban las tierras y se repartían entre los vencedores.

Capítulo 4 Consecuencias del carácter de la religión cristiana y del de la mahometana.


Visto el carácter de la religión cristiana y de la mahometana, se debe sin más examen abrazar la una y rechazar la otra; porque es para nosotros mucho más evidente que una religión debe suavizar las costumbres de los hombres, que no el que sea verdadera.

Es triste para humanidad que la religión sea dada por un conquistador. La mahometana, que no habla de otra cosa sino de la violencia, obra siempre en los humanos con el destructor espíritu que la fundó…”

Montesquieu.

“Del espíritu de las leyes”. Editorial Porrúa Página 288/9

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