Explicar el haber pertenecido o simpatizado con las organizaciones revolucionarias terroristas que actuaron en la Argentina en las décadas del 60 y 70, con financiamiento y entrenamiento soviético y cubano, para una persona madura que a lo largo del camino se ha pronunciado por la paz, la civilización y el respeto al otro, no es fácil.

Beatriz Sarlo hace un esfuerzo grande en su artículo en La Nación hoy. Condena a Kirchner por no haber reflexionado su adscripción a la organización armada montoneros, pero prefiere seguir pensando que el error de los métodos terroristas estaba mezclado con lindos ideales de igualdad y justicia. La racionalización del horror sigue funcionando, no en todos los casos, pero si en muchos de los que podemos considerar que se han decidido por la tolerancia.

El colectivismo no tiene ideales de igualdad y justicia (dudo mucho que el primero sea un ideal, pero sería largo explicarlo un sábado a la mañana), los invoca para desatar ansias de poder. Montoneros era un movimiento megalómano, no un grupo de jóvenes equivocados que en la búsqueda de un mundo mejor tiraban algunos tiros y mataban a algunos tipos. Terminar con el capitalismo es terminar con la libertad. Si no se reconoce a la persona el derecho a beneficiarse sin dar explicaciones al grupo por eso, lo que le sigue es un régimen opresivo, o terrorista si se quiere.

Esta dualidad inventada, malos en los métodos pero buenos en ideales, permite conservar un pedestal inmerecido. Es imposible explicar, siquiera sicológicamente, que alguien pueda tener buenos fines con bombas, secuestros y asesinatos por la espalda. Pero esta construcción permite acusar a otros por ejemplo de ladrones, un pecadito venial al lado de los crímenes montoneros. Cualquiera puede cambiar y puede señalar que hay cosas que están mal. Pero los pedestales son malos consejeros.

El día que los que más han cambiado, que por suerte hay varios, dejen de ocupar tanto espacio para contar lo que les han hecho a ellos, para pasar a hablar de lo que han hecho ellos, sin disfrazarlo con justificaciones pueriles, a disculparse y a hablar con las víctimas, empezaré a creer que hay un cambio que merece ser festejado.

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3 Responses

  1. Asesinos, pero con “buenas intenciones”…
    Eso sí que es ser cínica.
    Pero así son las cosas.
    Los militares, que mataron a muchos, dicen “yo no fui”.
    Los terroristas, que mataron a muchos, dicen “pero teníamos buenas intenciones”.
    A los que no hicimos nada, y tuvimos que aguantar a ambos bandos, tendrían que indemnizarnos.
    Nosotros somos las verdaderas víctimas de estos crápulas y sátrapas incorregibles.
    Esta clase de gente me tiene harta.

  2. Pablo Giussani, en “Montoneros, la soberbia armada”, hace una autocrítica, además de la crítica a los montoneros

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