Mucha gente identifica democracia con libertad, tal vez el principal promotor de esa identificación sea el estado norteamericano, sobre todo en su política exterior. Se confunde el principio (la libertad) con el procedimiento (la democracia) porque ellos cuentan, en términos generales, con una simbiosis entre ambos. Esa mixtura es la forma en que Estados Unidos, y muy pocos países más lograron un sistema político que respete a las minorías, sobre todo a la menor de las minorías como diría Ayn Rand: el individuo.

Cuando se dice que alguien es “antidemocrático” muchas veces se quiere significar “antiliberal”. Y los antidemocráticos son antiliberales casi siempre, pero entre los democráticos encontramos más antiliberales que liberales, lo que sirve para demostrar que la democracia ni por asomo ha resuelto el problema de la libertad.

La república es una mezcla más explícita entre principios y procedimientos. Su definición incluye la existencia de derechos individuales, mientras que la democracia sólo contiene la “libertad” de participar en el poder. Pero tampoco ha resuelto el problema porque al seguir identificando una forma con un principio, la república termina siendo, como en nuestro caso, una cáscara democrática que olvida su esencia. Separar al poder judicial del político es mucho más importante que votar. Limitar el poder fiscal del estado también es mucho más importante.

Hay que entender que democracia y república son dos formas de la evolución de un sector de occidente hacia la libertad. No son las únicas posibles, ni por si mismas pueden iniciar el proceso inverso (de la democracia a la libertad) en otras culturas. Errores de este tipo causan matanzas masivas, guerras, no solucionan el autoritarismo que se quiere superar y casi siempre matan las semillas de otras formas de lograr civilización como sinónimo de vida privada.

¿Cuántas más hay? No hay forma de saberlo, es cuestión de quitarse las anteojeras. Si creo que aún en occidente donde esas mismas formas están muriendo como protectoras del individuo, hay otras mejores como la descentralización, la atomización del poder nacional al estilo de lo que ocurre en Suiza en que es el tamaño del poder el mejor reaseguro para la libertad, al hacer que lo que se vote no pueda cambiar la vida de nadie sino sólo solucionar problemas comunes muy concretos.

Hoy el diario La Nación, dentro de su ciclo “Los intelectuales del mundo ”, publica un reportaje a Bassma Kodmani directora de la Arab Reform Iniciative, una empresa ambiciosa que planea cómo construir un sistema civilizado en los países árabes. Cree que América Latina, el perfecto ejemplo de democracias antiliberales, puede servir como norte para la región a la que piensa “liberar”. Dejo de lado cuáles son las intensiones reales de la organización, teniendo en cuenta que Kodami trabajó para la Ford Foundation, entidad que se ha dedicado por décadas a promover el anticapitalisimo, la violencia política, la izquierda analfabeta y la subversión jurídica de América Latina, con mucho éxito por cierto. Supongamos que la idea es realmente que los habitantes de los países árabes como individuos sean más libres.

“Todo régimen democrático tiene que aplicar ciertos valores universales, en especial en el mundo árabe: el respeto de las minorías y de los derechos humanos”, dice Kodmani. En los términos se ve el sello de la Ford Foundation. Es importante destacar que en nombre de los “derechos humanos” se ha promovido el crecimiento del estado, se ha cuestionado el derecho de defensa de los países y de las personas logrando la impunidad de todo tipo de organizaciones agresoras. Las definiciones en si de “derechos humanos” fueron transacciones diplomáticas con los totalitarismos de la posguerra y la peor amenaza conceptual que los derechos individuales han sufrido en el siglo XX.

Lo mismo ocurre con los “derechos de las minorías” concebidos no como minorías democráticas, es decir como los que circunstancialmente pierden una elección y en consecuencia no constituyen en sí un grupo ontológicamente hablando, sino como grupos étnicos o culturales que al ser considerados como colectivos con derechos en tanto colectivos se aplasta a los individuos que los componen. En la democracia la mayoría toma una decisión, pero no puede actuar sobre el derecho de la minoría. Pero “las minorías” no tienen derechos, son los individuos los titulares de los derechos. Las mayorías tampoco, ambas perecen como tales después de la votación. La democracia (como procedimiento) no es un partido que se juega entre múltiples colectivismos, unos más grandes y otros más chicos, sino entre individuos que deciden solos. Tan solos que lo hacen en un cuarto oscuro. Mayoría y minoría son resultados, no entidades.

Otra cuestión es que dice que la democracia “tiene que aplicar ciertos valores”. ¿Cuál es el valor de ese “tiene”? Si hiciéramos una estadística no encontraríamos que el régimen democrático por sí aplique esos valores. El incentivo para respetar las libertades no está en la votación, ni siquiera pretende estarlo. De hecho ya Constant en el siglo XIX sabía que la “participación democrática” era una forma antigua de concebir la libertad.

Continúa diciendo Kodmani: “la columna vertebral de un sistema autoritario es la implicación de las fuerzas armadas”. Esto no es cierto. Tanto los sistemas autoritarios como los liberales tienen fuerzas armadas. Europa fue liberada del nazismo por una colosal coalición de fuerzas armadas. Lo que los distingue no es que unos tienen cañones y otros no, sino a qué apuntan los cañones, si contra la población o contra los agresores. Si están para proteger, como fuerza defensiva contra las agresiones externas o las guerras revolucionarias planteadas desde adentro para terminar con la libertad, o son un instrumento de opresión más.

Cuando se le pregunta sobre los aspectos positivos de la acción occidental en la región apunta que “ los occidentales están presionando a los regímenes para alentarlos a democratizar desde arriba: para que abran el sistema político de manera controlada. Esto es deseable, porque la desestabilización del poder acarrea muchos riesgos”. De acuerdo a lo que dice, habrá que liberar después a estos pobres países de sus liberadores.

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8 Responses

  1. Muchísima gente está convencida que si cada 2 años la llaman para votar, ya está.
    Limitan su concepción del mundo de la política al voto.
    Independientemente de la existencia de clientelismo político, usos de fondos públicos en las campañas, y demás insolencias a las que estamos ya acostumbrados, la mayoría le otorga al voto un valor legitimador infinito. Yo no digo que el voto no legitime, no, pero hace falta mucho más que eso.
    Y ahí está el nudo de la cuestión.
    Es tan incocebible no votar como que no exista real división de poderes, pero esto último le preocupa a muy poca gente.
    El voto, por otra parte, se compra fácil (miseria, promesas, mentiras y prebendas…) pero la división de poderes es una construcción que requiere talento, y sobre todo vocación republicana, un bien muy escaso en estas tierras.
    He llegado a pensar incluso que, en Argentina, si tuviésemos la dicha de tener un gobierno como la gente, honesto y cabal, sería el mismo pueblo el que lo derrocaría, y no la oposición.
    Por eso la cultura del pueblo no es ni será prioridad aquí para ningún gobierno.
    Y aunque parezca mentira, cuanto más bruto el pueblo mejor es para la clase gobernante.
    Tanto es así, para mí, que si el poroto de la soja incluyera además una pepita de oro, aún seríamos pobres y atrasados.
    Habiendo corrido tanta agua bajo el puente, y por eso, a estas horas soy lisa y sencillamente una anarquista.
    Saludos!!!

  2. Seamos prácticos.
    Como va la cosa, el PEN va a manejar la caja a su antojo.
    Pero sin usurpar, sino con expreso permiso del PL, que le delega sus atribuciones.
    No estamos de acuerdo para nada, pero parece que será así.
    Si el PL no quiere controlar más la caja -su función digamos más específica- y además la mayor parte del plexo legal va a estar constituido por DNU -que el PL no trata ni analiza en tiempo y forma, y que se aprueban solos con el simple paso del tiempo- el PL no tiene razón de existir.
    Si no tiene razón de existir, debe auto-disolverse, para no ocasionar erogaciones inútiles al erario público.
    Si el PL no va a existir más, por lo menos que no nos cueste.
    Con la última reforma del CM, el poder judicial perdió la poca autonomía que le quedaba. Por lo tanto, su papel como poder idependiente en la república es más que dudoso.
    Por la ley de la conservación de la energía, lo que unos perdieron otro lo gana.
    Obviamente, el PEN es el poder que más “poder” ha acumulado.
    Hoy por hoy, tiene prácticamente todo el poder.
    El PEN ha concentrado en sí mismo tantas virtudes que es una locura pensar en un cambio.
    El sistema electoral simplificado, o sea elegir únicamente al presi, es entonces lo mejor que podría pasarnos.
    Pero como el presi que tenemos es perfecto, no tiene sentido cambiarlo.
    Por lo tanto, no es necesario a futuro elegir más.
    El PEN será quien designe, oportunamente, a su propio sucesor.
    La suma del poder público está absolutamente concentrada en una pareja.
    Oh…
    Hemos transformado la república, sin advertirlo siquiera, en una monarquía.

    Saludos…

  3. Ya somos 3 los anarquistas…meidante el mètodo solo resolvemos quien juntara orina en el sillòn y nada mas , lo importante es lo que puede hacer desde ese sillòn. Como muy bien señala Jose si desde ese sillòn se puede violar el derechos a la vida y/o la libertad y/o la propiedad de un individuo el sistema es una tirania por mas origen democratico que tenga.
    Otro problema es que en un ejercicio de simplificaciòn se suele atribuir a los sustantivos adjetivos que no necesariamente estan contenidos en esa descripciòn ..es decir el sustantivo democratico suele asociarse con los adjetivos bueno, justo, prospero, moderno, tolerante etc. y no es asi puede haber demcracias intolerantes, injustas etc… reitero lo importante es lo que un tipo desde el poder puede hacer con individuo..
    Alguien dijo alguna vez ..el estado no puede hacer a un ciudadano rico pero si puede convertilo en pobre (y yo agrego…y esclavo)

  4. A mi lo que nunca deja de fascinarme es la implacable necesidad de imaginar “sistemas alternativos” que en realidad no son mas que modelos teoricos que intentan disculpar a las sociedades de tener que hacer lo correcto para progresar.
    Es como si un muerto de hambre renegara del pan, diciendo que mejores son las tortas hiperproteicas superdulces bla bla bla, que nadie las conoce, ni las ha cocinado nunca, pero que seguro son mejores.

  5. Excelente análisis José. Plantea un par de cuestiones que no había tenido en cuenta cuando escribí mis ensayos (por ejemplo, mi extenso resumen: No hay democracia sin un orden social liberal que publicaste en El Disidente), uno de los cuales tiene que ver con el “derecho de las minorías”.

    Por ejemplo, siempre hice referencia al tema de los “derechos de las minorías” entendidas estas, no sólo como políticas minorías eventuales, sino como grupos ontológicos (minorías étnicas, minorías sociales, etc.) pero aludiendo a los derechos individuales de dichas minorías, cuando hubiera sido interesante recordar cómo la izquierda postmoderna utiliza la sensibilidad liberal por las minorías para imponer un “derecho” a una minoría cultural de hacer tal o cual cosa con sus miembros, pasando por sobre el pluralismo de los mismos. Como sabemos, los derechos no pueden si no ser de los individuos. Si son de un grupo, son sobre algo que no son el grupo mismo, o sea, sus miembros individuales, o los individuos de otros grupos, los cuales perderán sus derechos frente al grupo, voluntaria o involuntariamente, si les queda margen para decidirlo.

    Y hay algo más, y es que cuando los “liberals” de Estados Unidos hablan de “minorías” se refieren a lo que en su pensamiento ideológico sistémico ellos consideran los “oprimidos” (o sea, grupos que puedan identificar con cualquier contraste que interpreten como inferior): las “mujeres”, los “proletarios”, los “indígenas”, etc. etc., y cuando hablan de “mayorías” se refieren a la sociedad (incluyendo o excluyendo de la misma a las mayorías dependiendo de que estas defiendan o se beneficien de las desigualdades legítimas producto de los derechos individuales). Y exigen para estas “minorías” ya no derechos individuales, sino derechos colectivos, o bien sus variantes como arbitrarios “derechos positivos” que no son tales derechos de los individuos porque son autocontradictorios y recurren al inicio de la violencia. Todas las minorías anteriores son consideradas en tanto clases subalternas y como colectivos con “derechos a”, mientras que poco le importa a la izquierda las minorías por ser tales, sean étnicas (armenios por ejemplo), políticas (disidentes en Cuba) o económicas (empresarios independientes del Estado).

    Lo importante de la cuestión de las minorías es que pueden terminar, a mano de los demagogos y sus “mayorías” eventuales, teniendo a sus miembros individuales “marcados” por ser tales. Y hay algo más, este falso favoritismo de la izquierda posmo por las minorías saca a relucir que no sólo se ocupa de minorías en tanto grupos socialmente subalternos y por ende supuestamente “oprimidos” desde su óptica igualitarista, sino que además jamás se refiere a minorías cuya existencia es producto de su propia individualidad (como ser los individuos con mayores cualidades e ingresos). A estas minorías (que ellos asocian finalmente con la organización social opresora) se las persigue en nombre… de la mayoría. Muchas veces siquiera pueden evitar el desprecio que sienten por lo que sobresale socialmente. No pueden ocultarlo, por lo cual terminan despreciando a mayorías étnicas, o “mayorías” económicas, culturales o políticas, a las cuales asocian con el “sistema”, y especialmente si no se someten al poder redistributivo igualitarista que ellos promueven.

    En cualquier caso, es bueno recordarle a los “liberals” que, desde Franklin hasta Reagan y Thatcher, desde Tocqueville hasta Popper y Hayek, la preocupación genuina por las minorías pertenece al individualismo de los “classical liberals”, de los “libertarians”, de los “conservatives” (anticonstructivistas a la Burke), e incluso de sus denostados “neoconservatives”.
    Me pregunto si la Ford Foundation cree en los valores universales aplicables al mundo árabe cuando promueve el relativismo multiculturalista de la izquierda, el cual, precisamente, niega cualquier noción occidental de derechos individuales y de racionalidad. De hecho, el fundamentalismo islámico dice desconocer que exista algo llamado “civiles”.
    Así que tal vez se trate simplemente de otra maniobra de la fundación de Verbitsky: aprovechar los intentos republicanos de extender la modernidad occidental al mundo árabe, para justificar en nombre de los “derechos humanos” la aplicación del mismo democratismo totalitario que permitió a enemigos de Occidente como Chávez llegar y sostenerse en el poder. Tal vez sea que Venezuela es una minoría con el derecho de perseguir a sus opositores, sean estos minoría o no, si tal vez se atreven o pueden intentar ser mayoría.

    En esta destrucción del lenguaje, democracia es que dos lobos y una oveja voten que se va a comer, y el derecho de la minoría no es el de la oveja sino el del grupo de animales que celebra este tipo de “elecciones”.

    Un abrazo,
    Pablo

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