Mariano Grondona le dedica el artículo de éste domingo al neoestatismo kirchnerista y lo describe muy bien, porque no se queda únicamente con las estatizaciones explícitas: Aguas Argentinas, el Correo, el ferrocarril San Martín, Yacimientos Carboníferos de Río Turbio, el espacio radioeléctrico, Enarsa, Arsat y la Lafsa, el ingreso como socio en Aerolíneas Argentinas y Aeropuertos Argentina 2000. Le suma además el estatismo informal que consiste en la intervención directa o indirecta en el manejo de las empresas más importantes del país, imponiendo directores, dando órdenes bajo amenaza e inclusive presionando para que se vendan a grupos económicos amigos. Es decir, el estatismo practicado por Hitler, reeditado ahora por la izquierda latinoamericana como su nuevo credo.

Sin embargo comete a mi juicio un error muy común al diagnosticar lo ocurrido en la década del 90. Dice Grondona:

“al seudocapitalismo de Menem le faltó un ingrediente esencial. Le faltó nada menos que el Estado”

Es una de las explicaciones que se dieron de por qué seguía habiendo pobreza a pesar del crecimiento o por qué muchas empresas cometían serios incumplimientos con sus clientes. La respuesta no es falta de Estado sino sobra de Estado. IVA del 21%, porcentaje de ingresos transferidos al Estado cercano al 50%, un “organismo de control” por cada área privatizada, un “marco regulatorio” por cada privatización, la mitad del presupuesto público dedicado al sector “social” o de “reparto de riqueza”, una profusa legislación laboral destinada se supone a solucionar todas las “desigualdades”. ¿Dónde estuvo la falta de Estado?

Sigue habiendo una ilusión estatista que derribar detrás de esa visión de los acontecimientos. El empobrecimiento fue POR el Estado y ningún estado del mundo puede hacer otra cosa con la pobreza que generalizarla o dejar que la riqueza la reemplace sin intervenir.

Otro gran mito de la época fue que se privatizó “sin una red de contención social”. ¿Acaso la mitad del presupuesto absorbida por “la cuestión social” no fue suficiente? Lo cierto es que las “redes de contención social” estatales son verdaderas sogas al cuello de los pobres. No me canso de repetir que las villas de emergencia son producto de la marginación fiscal, no del mercado. Absolutamente siempre es más lo que pagan los pobres que lo que reciben por el asalto estatal, aunque ese asalto se pretenda concentrar en los más ricos. Todas esas personas viven en el mercado negro porque el fisco no tiene una sola norma que contemple su existencia. El mercado los incluye, el estado los excluye. Mientras el señor Montoya se exhibe como el recaudador bueno, es el principal enemigo de los pobres, bajo la excusa de que recauda para ellos.

Es el estatismo también, unido al “estado de bienestar” el principal enemigo de las instituciones politicas liberales. Otro elefante que se le escapó a muchos en los noventa, mientras se distraían con la lista sábana y cosas por el estilo. Miremos si no cómo obedecen los elegidos uninominalmente, o los cabezas de lista al poder central. Es la caja producida por la ilusión del “estado presente” la que corrompió la división de poderes y convirtió al congreso en una bolsa de mangueo general, no el sistema electoral.

Menem quedó a mitad de camino en parte por su responsabilidad, en parte por dificultades políticas objetivas. Pero la gran falla estuvo en el diagnóstico de esa etapa que hicieron muchos desde el pensamiento liberal. Frivolizando la cuestión con sus características personales o su conducta como individuo o intentando evadir la discusión del reparto de riqueza por cobardía intelectual o simplemente adoptando la posición más cómoda de tirarle piedrazos al réprobo, alimentando así a la izquierda mentirosa ahora triunfante.

Si se hubiera hecho un diagnóstico serio desde el liberalismo, tras Menem habría un enorme movimiento político y social manteniendo la tendencia empezada por él. En lugar de eso hay verguenza y gente bajo la cama esperando que todo esto pase por arte de magia. Sarmiento quería destruir a Urquiza y Alberdi lo defendió porque miró más allá de los méritos de Entrerriano. Centrismo cómodo, contra liberalismo comprometido. Uno puede fracasar (de hecho, fracasó), el otro se abstendrá de participar para zafar desde el pedestal raído del fracaso general. Lecciones que quedan por aprender.

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3 Responses

  1. 100% de acuerdo con lo que dices de los 90, José. Creo que hay mucha gente que no quiere quedar pegada con la administración Menem. Y mucha otra que sostiene que todo lo que se hizo en Argentina y todos los gobiernos dan exactamente lo mismo. Ceo que es un error muy grande. Si no somos capaces de distinguir lo que funciona, o lo que funciona mejor, de lo que no funciona estamos condenados a repetir los mismos errores ad eternum.

  2. En realidad es un sofisma. Nunca hubo decisiones soberanas. Todos van siendo como dientes del mismo engranaje que va girando según dispongan los centros de poder real. Todo lo demás es para consumo interno, para la tribuna. Pagarle al fondo, o mañana al Club de París, o endeudarse, o “des-endeudarse” o privatizar o estatizar: esas decisiones no se toman aquí. La discusión es, por lo tanto, doméstica.

  3. Jose al leer (por internet esos pasquines no los compro) la nota me surgio la misma reflexiòn, te falto agregar que tanto el gasto como el empelo publico se duplicoron en la decada del 90 asi que lejos de estar ausente el estado avanzò mas que nunca .
    La falacia esta en el conocido recurso de tomar la parte por el todo y parece se qu el estado para estos papas firtas tiene una sola funciòn prestar servicios publico, dicho de paso pueden ser prestado en cualquier parte del munco por un mercado …pero bueno a falta de justicia y seguridad parece ser que lo muchachos se quieren dedicar a la luz , el trasnporte, el gas el petroleo, la carne, la leche, los pantalones, la margarina y las toallas femeninas…

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