Doña Bonafini asiste a la sesión de la Cámara de diputados dónde se ha montado un circo montonero para impedir que los votantes de Luis Patti sean representados democráticamente. Los montoneros, sus aliados y empleados de ocasión, realizan discursos pseudos-idealistas que causarían risa si no fuera porque gobiernan el país.

Hebe grita mientras la diputada Alicia Ester Tate –UCR Santa Fe – defiende el derecho de Patti de acceder a la banca para el que se lo eligió.

La veo vociferar y recuerdo su reivindicación de los fusiles de sus hijos, de sus lindos ideales en un cantar macabro que constituye la doctrina oficial del pasado argentino, y me pregunto ¿por qué lucha ahora?

Dice que sus hijos murieron por un ideal. ¿Lucha ella por ese “ideal”? ¿Postula la socialización de los medios de producción, la instalación de la dictadura del proletariado?

No, jamás habla de cosas así, apenas es parte del aparato clientelista que sostiene el sistema feudal kakista. Los montoneros actuales no reivindican los ideales por los que mataron. ¿Entonces qué reivindican? Pues sólo el derecho a matar. Como algo lindo.

Los “ideales” montoneros no tienen defensores hoy. Sus émulos sólo recuerdan con nostalgia y apología a la violencia.

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4 Responses

  1. No sé si habla o ho habla de socializar los medios de producción, pero que recauda a cuatro manos no me cabe ninguna duda.

  2. forma parte de la claque del presidente. y detrás están los fondos que el gobierno destina a los organismos que ella maneja. como ese penoso antro que se hace llamar Universidad.

    recordá, por otro lado, cuando Estela Carlotto acudió a la Casa Rosada para aplaudir el anuncio de Kircher de pagar la deuda con el FMI.

    lo que tenga de digna su “lucha” lo desvirtuan completamente saltando alrededor del mandamás de turno.

  3. Hace unos años fue muy clara cuando dijo que, en relación a los indultos de los terroristas de La Tablada y de los Carapintadas, prefería los crímenes de los amigos a los crímenes de los enemigos. Para muchos argentinos el problema no son los crímenes en sí mismos, sino quienes los llevan a cabo.

    Es el culto al odio, a la cultura de la destrucción. Creo que representa a tantos argentinos que están convencidos de que es posible construir algo positivo en base al odio, al rencor, al resentimiento y al revanchismo. Es muy triste, pero debemos admitir que pegarle al caído, al que no se puede defender, es una pasión nacional.

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