Prohibir ideas ajenas no tiene sentido, pero esconderlas tampoco. ¿Cuál es la utilidad de esas campañas de boicot como la que se organizó contra la película “El código Da Vinci” sino como invitación a verla? Y hay algo más, ¿de qué sirve no verla aún cuando estuviera equivocada? Los errores no se esconden, se discuten. Nada se esconde, salvo las cosas privadas.

En mi caso había leído esta novela que tiene muchos aspectos interesantes que me sorprendieron, a la vez que es muy entretenida. ¿Necesito un papá que me diga qué ver? ¿Me puede hacer mal? ¿No se subestiman mucho?

Si fuera un convencido católico que me sintiera ofendido por la ficción construida por Dan Brown alrededor de algunos datos históricos, mezclados con mitos y con hipótesis, mi campaña sería: véala y escuche lo que tengo para decirle. O haría un esclarecimiento en las misas para que la gente no confundiera fantasía con realidad o inclusive para que supiera cual es la “realidad oficial” para la Iglesia. No es Dan Brown el responsable de difundir el catolicismo ni tampoco el director de la película. ¿Por qué estarían obligados a ser fieles a esas creencias?

Hay situaciones en las que tengo la impresión de que poco hemos avanzado desde las cavernas o que el renacimiento fue un movimiento tan parcial que no hemos percibido aún su parcialidad. Una es ésta. Las críticas me suenan todas interesadas. La película es buenísima. Divertida, bien hecha, bien actuada, fiel reflejo de la novela. Diría inclusive que la mejora un poco. Admito que todo esto es opinable, pero insisto, de parte de los que dicen que es malísima percibo que quieren ver, más allá de toda evidencia, que es malísima.

La capacidad de negación del ser humano es ilimitada, me sobran lecciones aprendidas al respecto. Y ahí es cuando pienso si hemos avanzado algo: ¿observamos hechos o dogmas?, o si se quiere para que no salte algún popperiano: ¿observamos conjeturas o dogmas?

Si se considera que la película causa confusión entre los católicos, pues es problema de los católicos producir el esclarecimiento necesario. ¿Alguien cree que el taparse los oídos esclarece algo o es un remedio contra la confusión? El que lo cree si que está confundido. Y más confundido está el que reemplaza el esclarecimiento con el desconocimiento del valor artístico o de entretenimiento de la obra. Salvo que me convenzan de que es pecado ser mal actor, en cuyo caso haría una larga lista para la hoguera.

Habría que juntar a los que luchan contra El Código Da Vinci y los que combatieron La pasión de Cristo de Mel Gibson y enseñarles la misma lección: La historia no se pacta, se reconstruye. No se obtura ni se censura. Los dogmas son de cada uno, no obligan a nadie más que a uno. Cada uno puede pensar lo que quiera y cada uno puede elegir creer sin evidencias o a pesar de las evidencias, pero dejen a los demás en paz.

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4 Responses

  1. Yo no leí el libro,pero pienso ir al cine a ver la película.
    Aunque más no sea para darme una vueltita imaginaria por Paris, ciudad que hace mucho que no visito gracias a Duhalde, Kirchner y compañía.

  2. Hay lindas vistas de París. La entrada del Ritz en Place Vendome. Que es lo único que uno conoce del Ritz: la entrada. El Louvre y sus alrededores. En fin, no solucióna las carencias devaluatorias en ese sentido, pero es como una refrescadita.

  3. Su comentario me decepciona.
    En primer lugar, no hubo “boicot”, sòlo algunas quejas de los afectados, difamados y ofendidos por el Sr. Dan Brown.
    Por el contrario, si alguna “imposiciòn” hay -y para ver la pelìcula- es la de una poderosa maquinaria comercial y publicitaria (¿seràn su papà?), que en el caso Argentina hasta quitò todos los estrenos, de modo que sòlo quedara el “Còdigo Da Vinci”.
    Tampoco se trata de “ideas”, parece increìble que difundir falsedades bajo la màscara de la ficciòn se confunda con la expresiòn de ideas. Eso ha hecho el Sr. Brown, ya que alega en su libro que se trata de datos seguros, pero sobre ello no existe documento alguno.
    Asì, aunque no sea “catòlico convencido”, deberìa Ud. no avalar el agravio y la deformaciòn realizada. Abstenerse de difamar hace a la convivencia entre catòlicos y no catòlicos, y se le puede exigir a todos, no sòlo a quiènes representan al catolicismo.
    La poderosa difusiòn del C. Da vinci muestra la fortaleza de cierto poder cultural, y como sòlo permite la afectaciòn al cristianismo, ya que -sobran ejemplos- la impugnaciòn al islamismo o al judaìsmo implicarìa la censura de facto o de jure. Le recomiendo leer a Pat Buchanan en http://www.theamericancause.org “Whose God may be mocked ?”.

  4. Estimado mar.g.moreno. No avalo la difamación. El Código da Vinci no es la obra de Ferrari que es puro insulto. Es nada más que una versión trucha o no de la historia, mezclada para hacer ficción. No estoy en contra de que se sienta ofendido tampoco, sino de la queja y la sobre reacción.
    Fíjese cuando me dice “difundir falsedades no debe confundirse con libre expresión de las ideas” ¿No se da cuenta de que sus propias ideas es probable que sean consideradas falsedades por la mayoría? Las ideas no pueden ser escondidas o acalladas por falsas. Por falsas, sólo pueden ser discutidas.
    Lo que no veo es por qué lo decepciono, no hay nada nuevo en lo que digo.

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