El caso de la diputada María del Carmen Alarcón generó un mar de confusiones peronistas. ¿Por qué alguien quiere seguir siendo oficialista si tiene un par de neuronas funcionando para percibir la idiotez y autoritarismo con el que el gobierno trata la cuestión de la carne?

Discutir si la señora Alarcón puede o no ser expulsada de la presidencia de la Comisión de Agricultura, reservada al Frente para la Victoria, o pertenecer al bloque oficialista es como cuestionar que a Macri no lo dejen hacerse socio de River. ¿Quiere Macri ser socio de River? ¿Quiere Alarcón ser socia del Frente para la Victoria y representarlo en la Comisión de Agricultura dónde se apoyan las políticas policiales hacia los productores de carne?

En la Argentina partimos de la base que la respuesta es si, por mirar la política de manera peronista: se asume que otros intereses, que no son la afinidad de ideas, agrupan a los políticos. Que se puede haber sido menemista y ahora kirchnerista, que se pude ser parte del reutemanismo, el heredero de la década del noventa que se borró, y si su líder se somete al kirchnerismo se los lleva a todos en la bolsa como si fueran objetos del comercio.

Lo asombroso no es que la quieran echar a Alarcón, lo asombroso es que Alarcón se quiera quedar. Pertenecer al gobierno de kirchner sin ser montonero, agresivo, intolerante, resentido, sin exhibir una retórica izquierdista y adscribir a una organización de la sociedad nacional socialista, es síntoma de peronismo en su peor aspecto, de venta, de manoseo de las ideas, de relativismo moral. De qué sirve pensar mejor que el oficialismo si se actúa como el oficialismo, es decir si las ideas están a la venta. Las reservas mentales los políticos se las pueden guardar para ir al cielo, si es que existe el cielo y hay un lugar para ellos. Los ciudadanos sufrimos sus acciones y sus omisiones, no nos sirve de absolutamente nada lo que “en el fondo piensan”.

Una pregunta más: ¿Qué hacía María del Carmen Alarcón en el Frente para la Victoria?

En cuanto a Reuteman, habló finalmente. Ya no está ni para salir segundo.

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